SINGAPUR, MARK WEBBER Y EL ABANDONO MÁS INSÓLITO DE LA FÓRMULA 1


¿Abandonar un Grand Prix de Fórmula 1 a causa del paso de un tranvía? ¡Imposible! Pero... ¿están seguros?

Los coches que compiten en el Mundial de Fórmula 1, cada año más exquisitamente concebidos y preparados, son sometidos a un alto control de calidad, y la tecnología que los envuelve en las operaciones en pista tornan más y más infrecuentes los problemas mecánicos. Es muy difícil que un GP en la actualidad sufra un gran número de abandonos en comparación a lo que sucedía una o dos décadas atrás. 

Las complejas unidades de potencia pueden causar más inconvenientes, en general, pero muchas veces los abandonos son determinados por los propios equipos para evitar que algún elemento se rompa en la pista. En cualquier caso, la racha de deserciones se ha reducido estadísticamente hablando. En los últimos 10 Grands Prix, entre España e Italia, se produjeron solo 11 abandonos por problemas mecánicos (ninguno en España, Mónaco y Austria, 1 en Canadá, Francia y Hungría, 2 en Bélgica, 3 en Alemania e Italia).

Aun siendo muy raros, hoy se puede abandonar una carrera por una rotura de la planta impulsora, un problema en los frenos o una rotura de suspensión. Pero ¿a causa de un tranvía?

En 2008, RedBull no era la tremenda escuadra que es en la actualidad. Todavía no había ganado un Grand Prix y aquel campeonato lo disputaban Lewis Hamilton (McLaren) y Felipe Massa (Ferrari). En aquella edición del GP de Singapur, la primera vez en que se corría de noche en un circuito artificialmente iluminado, Mark Webber y David Coulthard eran los pilotos de la escuadra que ya conducía Christian Horner.

"El Renault de Nelson Piquet Jr. tuvo un extraño choque", recuerda Webber en su autobiografía, Aussie Grit. "Me mandé inmediatamente a los boxes para reabastecerme y estaba en condiciones de ir más lejos que Fernando Alonso, el compañero de Piquet, así que un podio parecía ser una posibilidad, hasta mitad de carrera, cuando mi auto de alguna manera se las arregló para enganchar la quinta y la séptima marcha simultáneamente".

Un problema tan curioso como ese derivó automáticamente en la rotura de la caja de velocidades del RB4 y, por lo tanto, en el abandono de Webber, el primero de la temporada. Un auto que parecía a prueba de balas y sin embargo...  

"En la curva 13, la caja seleccionó dos marchas, la válvula que controla esa operación intentó poner la séptima marcha cuando la caja estaba enganchada en la quinta -explicó Horner después de la carrera- Después de investigar el software, vimos que eso no estaba previsto. Nos dimos cuenta que un impulso eléctrico instantáneo disparó la válvula".

¿De dónde podía provenir ese misterioso impulso eléctrico? Los coches de Fórmula 1 todavía no disponían de los sistemas de recuperadores de energía cinética (KERS) ni mucho menos de los impulsores híbridos. 

"Lo mismo le sucedió al Toro Rosso de Sebastian Bourdais en los ensayos del viernes, en la misma curva", agregó Horner. "Una línea de tranvías pasa por debajo de esa curva y fue como si corriente estática de un tranvía que pasaba por allí justo en ese momento en que Mark doblaba la curva, pasó a través del piso".

El caso pudo haber alcanzado otra repercusión. No ocurrió. ¿Fue una treta de Horner para tapar la debilidad mecánica del auto? Los organizadores argumentaron que no había subterráneos pasando cerca de la curva 13La carrera, sin embargo, cobró gran notoriedad un año después, cuando se supo que del sospechoso enlace entre el choque de Piquet y la victoria final de su compañero Fernando Alonso...

Webber, que abonó la teoría del tranvía en su libro, lo vio de esta manera: "el plan para ganar posiciones en la pista funcionó: ¡Alonso ganó la carrera! Si hubiera terminado cuarto o quinto como el equipo probablemente había previsto, acaso se habrían salido con la suya. Pero cuando la carrera comenzó a ir hacia Fernando, fue como ofrecerle un hueso a un perro. Olió la victoria y subió de nivel. Debe haber pensado: 'Paso de 15° a cuarto o quinto... Sería un poco raro si subo al podio... ¡Uh, gané!'". 

El australiano y Alonso compartían manager: el italiano Flavio Briatore, director deportivo de Renault. El libro se publicó en 2015: seguramente Webber sabía de lo que hablaba...


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