EL CASO TAMBAY: MALTRATO FERRARISTA COMO A VETTEL, PERO 37 AÑOS ANTES...

 

Al cabo del Grand Prix de España, cuando se alababa la labor de Sebastian Vettel con su SF1000, el legendario director técnico de la Ferrari, Mauro Forghieri, daba su opinión sobre el trato que la Scuderia le dispensa al piloto al que no quiso retener. "A mí no me gusta citar a Enzo Ferrari, especialmente porque lo conocí mucho y sé que se le atribuyen cosas que él no hubiera hecho, eso es un clásico. Pero estoy seguro que El Drake hubiera manejado de manera muy distinta el adiós de Seb, que ameritaba un tratamiento más respetuoso".

Pero, ¿era realmente así?

Existe una extensa bibliografía que grafica la manera despiadada en la que Ferrari podía tratar a sus pilotos.  El Caso Tambay parece desmentir a Forghieri:

-Aló, Patrick. Este es Pino Allievi. Me entero que Ferrari no te renovará contrato para la próxima temporada. ¿Algo que comentar?

-¿Ferrari no me renovará? No lo sabía...

Así se enteró Patrick Tambay, en julio de 1983, que la Scuderia no le daría una butaca para su alineación del '84. Enzo Ferrari todavía vivía y permanecía al comando de la gestión.

El francés había sido codiciado por Ferrari ya en 1977, después de que en el GP de Austria hubiera peleado con un Ensign particular (menos que un Alpha Tauri de hoy) con las 312T2 de Niki Lauda y Carlos Reutemann.

Pero Ferrari especuló hasta último momento y Tambay recibió una oferta de McLaren, que lo prefería a su otro candidato, el canadiense Gilles Villeneuve. El francés tenía pendiente un mitin en Fiorano, que se canceló por alguna razón imprecisa. Entonces decidió aceptar la propuesta del equipo inglés. 

Tambay y Villeneuve eran amigos: corrieron todo el '77 en la serie Can-Am de prototipos sport en los Estados Unidos y Canadá. Según el francés, tras firmó su contrato le avisó a su amigo que estaba vacante la segunda plaza del equipo de Maranello: Gilles se costeó el viaje hasta el GP de Italia, en Monza, y debutó dos carreras después, precisamente en Canadá, después de que Lauda abandonara abruptamente el equipo tras conquistar el título en Estados Unidos.

"Después de firmar para McLaren, le pregunté a Mauro Forghieri, el director técnico de Ferrari, si podía finalmente conocer al Viejo y fuimos juntos a Fiorano. Se me permitió hablar en francés, que Forghieri traducía al italiano, y en el final, el señor Ferrari me dijo, en perfecto francés, 'joven, usted cometió un terrible error. Debió haber esperado y firmado con nosotros. Podría haber ganado buen dinero y ser campeón mundial'", relató en una entrevista en 2016.

Corte. Cuatro años y medio después, mayo de 1982. 

-Hola, Patrick, soy Marco Piccinini.

Era el director deportivo de Ferrari. Villeneuve acababa de perder la vida en Zolder. Después de años pésimos en McLaren ("Los autos no eran buenos y Teddy Mayer vivía echándole la culpa a los pilotos"), Tambay había rechazado continuar en F-1 tras la huelga de pilotos de Kyalami (Sudáfrica), a principios de año, dónde corrió un Arrows. "Viajé de Hawaii a Londres y de ahí a Johannesburgo, pagándome los gastos de mi bolsillo, llegué el miércoles y el jueves me encontré durmiendo en un salón grande con todos los pilotos... Cuando todo terminó descubrí que tenía que pagar 5000 dólares para que me devolvieran la licencia. Al diablo con la Fórmula 1. A mí me gusta correr, no me interesa la política, sigo corriendo en Estados Unidos", avisó entonces.

-Ferrari quiere que seas el reemplazante de Gilles. ¿Estás dispuesto?

Tambay vivía entonces en San Diego (Estados Unidos). No contestó inmediatamente. Hizo un par de consultas antes de aceptar. Primero llamó a Joann Villeneuve, la viuda de Gilles. Luego, a su padre. Sus consejeros coincidieron: "Los dos me dijeron que creían que Gilles hubiera estado encantado de que, si alguien tuviera que reemplazarlo, ese fuera yo". Veinticuatro horas más tarde, Tambay le devolvió positivamente el llamado a Piccinini.

Seis semanas más tarde, en el GP de Alemania, se transformó en el único piloto de Ferrari. Su compañero Didier Pironi, el líder del campeonato, había sufrido un terrible accidente durante la clasificación. "Yo no había ido a la carrera", contó luego Harvey Posthlewaite, el diseñador de la 126C2, el auto que acabaría conquistando la Copa de Constructores de aquel año. "Ferrari me llamó y lo primero que me dijo fue 'Adios título mundial'". Me pidió por favor que al día siguiente viera la carrera con él, en su oficina".

El destino de Ferrari dependía del sustituto vuelto repentinamente número 1.

Pero Tambay cumplió. Devolvió esa confianza. Pironi había conquistado la pole antes de su accidente, con lo cual Tambay partió solo con tres coches por delante: los Renault de Alain Prost y René Arnoux y el Brabham de Nelson Piquet. Superó a Prost (el mismo que lo había reemplazado en McLaren para 1980) en la vuelta 4, a Arnoux en la 10 y, como todo el mundo ya sabe, Piquet se encontró con el rezagado Eliseo Salazar en una chicana en el giro 19. 

"Un suave, gentil, retorno al hogar era todo lo que se necesitaba y Tambay proveyó exactamente eso", escribió el decano Denis Jenkinson en su reporte de la carrera.

Posthlewaite: "El Viejo, sentado en su sillón, lloró. Luego se levantó y abrazó a cada uno de los que estábamos con él".

Jenkinson: "Fue la primera victoria de Tambay en un Grand Prix y, mientras no tiene pretensiones de ser tan bueno como Prost o Piquet, y nunca debiera esperar reemplazar a Villeneuve, hizo un trabajo muy prolijo y salvó a Ferrari de las profundidades de la desesperación".

Según Alan Henry (el hombre que le apostó a Carlos Reutemann que el santafesino ganaba el título del año anterior, 1981, y perdió...), "uno solo tenía que ver la reacción de los mecánicos de Ferrari, ver sus rostros el domingo a la tarde, para darse cuenta de que Tambay se había asegurado un lugar muy especial en sus corazones". 

La primera hazaña del piloto de Cannes.

Corte. Diez meses después, mayo de 1983.

Patrick Tambay parte desde la tercera plaza en el Grand Prix de San Marino, en Imola, el mismo escenario en el que, un año antes, su amigo Gilles se había sentido traicionado, y desde la misma posición de largada... Delante, desde la pole, larga su nuevo coequiper, René Arnoux.

Tambay: "Llegué a la grilla y en mi cajón de partida había escrito 'Patrick, gana por Gilles'. Estuve media hora dentro del auto, llorando, viviendo emociones tan fuertes que creí que no iba a recuperarme para la carrera. Los mecánicos eran conscientes de lo que estaba ocurriendo: se pararon todos a cinco metros, alineados, y nadie hablaba. Era impresionante".

El francés, puntero con la Ferrari n° 27 desde el giro 34 tras las paradas en pits, perdió la vanguardia a seis vueltas del final. Lo superó Riccardo Patrese, un italiano. ¿Locura de las tribunas? ¡En absoluto! 

Y de golpe, tres curvas después, sin que nada lo hiciera prever, el Brabham líder se salió de pista en la curva de Acqua Minerale. ¿Qué ocurrió allí?

Patrese: "Fue muy triste, porque yo creí que era un error mío, pero no estoy totalmente seguro. Modifiqué mi trayectoria unos 5 o 10 centímetros respecto a la vuelta anterior y la rueda terminó en la grava. Es una historia que no me gusta recordar, porque perdí la carrera y el público no se comportó correctamente. Ellos estaban más contentos porque Patrick Tambay la ganó para Ferrari. Para ellos, era Ferrari o nada".

James Hunt, que no ocultaba un sentimiento de hostilidad hacia Patrese (a quien hacía responsable del accidente que desembocó en la muerte de Ronnie Peterson, en 1978), comentaba la carrera para la BBC: "Los fanáticos acaban de confirmar que prefieren los autos antes que a los pilotos, porque se volvieron deliciosamente locos, lo que es muy común en su comportamiento deportivo habitual...", afirmó con su desenfado corriente. 

La Ferrari n° 27 no solo había ganado: lo hizo delante de la n° 28, exactamente a la inversa de lo sucedido un año antes. En cuanto pudo, Tambay corrió hacia un teléfono. Llamó a Joann Villeneuve. Y la primera palabra que pronunció al establecerse la comunicación fue: "¡Venganza!". Estaba convencido de que no había viajado solo a bordo de la n° 27... 

“¡Les aseguro que no fui yo quien condujo este coche!", llegó a afirmar tras el triunfo. “Es el mejor día de mi vida como piloto. Competí en esta carrera como un sueño. No sé si crees en los fenómenos metafísicos, pero te aseguro que no fui yo quien conduje este coche. Tenía la impresión de que Gilles estaba a mi lado; como si estuviera haciendo todo el trabajo. Estoy muy feliz de haber ganado aquí con el número 27. Es el mejor homenaje que le puedo rendir".


Aquel 1° de mayo de 1983 (foto), el francés logró la última victoria de una Ferrari de Fórmula 1 en territorio italiano mientras el Commendatore se mantuvo con vida.

Su segunda hazaña.

Tambay amaba correr para Ferrari: "Desde el comienzo sentí algo diferente. Por primera vez no estaba conduciendo para un equipo, estaba manejando para un hombre. Cada vez que iba a probar a Fiorano, almorzaba con Enzo Ferrari. El venía a la pista, miraba unos instantes, y volvía a trabajar. Siempre quería saber qué estaba ocurriendo".

El Viejo siempre supo. Después de muchos años sin contratar pilotos italianos, la estrella de Michele Alboreto se elevaba en la consideración, especialmente tras haber vencido el GP de Las Vegas en octubre de 1982, la última victoria de Tyrrell en el Mundial. 

Eran días de enorme alegría para los italianos ferraristas: la escuadra peleaba el título de 1983, finalmente se quedaría con la Copa de Constructores y, al cabo, un compatriota conduciría una Rossa por primera vez en más de una década.

Pero... ¿quién le dejaría el lugar?

Corte. Dos meses después, Fiorano.

Tras un día de pruebas, Tambay vuelve a almorzar con el Commendatore en el legendario reservado del Ristorante Il Cavallino. Arnoux no fue invitado. ¿Ferrari le había bajado el pulgar? 

Disputadas 9 de los 15 Grands Prix del '83, Ferrari solo estaba tres puntos por debajo del líder del torneo, Renault: 53 a 50. Y las posiciones del torneo de pilotos eran la siguientes:

  1. Alain Prost: 39
  2. Nelson Piquet: 33
  3. Patrick Tambay 31 
  4. Keke Rosberg: 25
  5. René Arnoux: 19

¿Había tomado al pie de la letra Il Commendatore aquella afirmación periodística de que Tambay no podía ser tan bueno como Prost o Piquet? En nueve Grands Prix, el francés había logrado el resonante triunfo en Imola, más otros tres podios. Arnoux tenía un triunfo en Canadá y otros dos podios. 

-¿Es cierto que firmaron con Alboreto?- preguntó Tambay a Piccinini tras el GP inglés, esa novena carrera.

-Inventos de la prensa- respondió el sinuoso monegasco.

Después de todo lo que Tambay le había dado a Ferrari, bastaron dos carreras, los dos Grands Prix siguientes, para autorizar el destrato.

  1. Alemania: Tambay en pole, falla del motor, victoria de Arnoux.
  2. Holanda: Tambay en pole; victoria de Arnoux, Tambay segundo.

"En Zandvoort no se habló una sola palabra respecto del '84", recuerda el amigo de Villeneuve.

Corte. un día después, lunes.

-Aló, Patrick. Este es Pino Allievi. ¿Escuchaste? Me acaban de contar que Alboreto te reemplazará a tí. ¿Algo que comentar?

-Eh... No me pone contento porque ha sido un gran privilegio conducir para Ferrari, donde he aprendido muchísimo. Mi carrera y mi reputación se han enriquecido tanto como mi cuenta bancaria. Alboreto es mi amigo y le deseo la mejor de las suertes... -le respondió a Allievi "con dignidad y calma", según explicó el italiano.

"Maranello, 29 de agosto de 1983. Los pilotos de Ferrari para 1984 serán Michele Alboreto y René Arnoux. Ferrari desea agradecerle a Patrick Tambay por su trabajo con el equipo en esta temporada".

Recién cuando el comunicado fue distribuido a la prensa, Piccinini telefoneó a Tambay para anoticiarlo.  

"Yo era consciente de que las cosas se habían enfriado con Piccinini, pero eso no tenía que ver con lo que yo rendía en la pista. En Detroit, por ejemplo, no me quedé al briefing post-carrera porque quería ver a Yannick Noah jugar la final de Roland Garros, por el Abierto de Francia, contra Mats Wilander. Piccinini lo vio como algo poco profesional. Pero se podría decir que fui el único piloto de la F-1 echado por culpa de un partido de tenis..."

"Es el único mal recuerdo que tengo de mi paso por Ferrari", asegura Tambay, co-autor del libro "27: Los años Ferrari", que no fue pensado para recordar la campaña completa en Fórmula 1 (123 Grands Prix, 105 puntos) sino, exclusivamente, sus 18 meses de matrimonio con Maranello. Dos victorias, cinco poles, nueve largadas en primera fila. El resto de su trayectoria en la máxima disciplina parece carecer de la misma importancia...


Con esa misma dignidad con la que respondió el inesperado llamado, con 71 años, Patrick Daniel Tambay pelea contra el mal de Parkinson. Se dedicó a comentar F-1 para la TV francesa y se involucró en la política municipal de Cannet, la ciudad en la que vive, un suburbio de Cannes, desempeñando cargos entre 2002 y marzo de este año como representante del Partido Republicano (conservador gaullista).

Su hijo Adrien, que corrió en el DTM entre 2012 y 2016. El mes que viene correrá las 24 Horas de Le Mans, en la clase LMP2, con un Oreca del equipo Eurointernational, cuyo propietario es Antonio Ferrari: otra vez un Tambay correrá para un Ferrari... Patrick estará allí, viendo a su hijo.

Dio mucho por Ferrari, en momentos muy duros para la escuadra, y fue despedido sin honor. 

La frase podría aplicarse a cualquiera de los dos: Tambay o Vettel.

La pregunta es obvia: ¿habrá el alemán leído ya "27: los años Ferrari"?


21/8

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